10 CONSEJOS PARA PREPARARTE ESTE INVIERNO
Cómo apoyar a tu cuerpo durante los meses de invierno
El invierno no es una estación para rendir más, sino para repararse. En nuestro último artículo de la revista, compartimos diez principios respaldados por la ciencia para acompañar a tu cuerpo durante los meses de invierno. Desde el sueño y la inmunidad hasta el movimiento, la alimentación y el bienestar mental, el artículo explora cómo trabajar a favor de la biología estacional – en lugar de ir en contra – puede fortalecer la resiliencia, recuperar el equilibrio y sentar las bases para una mejor salud en el año que comienza.
Diez principios avalados por la ciencia para un invierno saludable
El inicio de un nuevo año suele traer metas renovadas, una disciplina más firme y el deseo de avanzar. Sin embargo, a menudo vivimos el invierno como una etapa que hay que “superar”, en vez de una estación con la que podemos colaborar. Intentamos mantener el mismo ritmo que en primavera o verano, compensar la menor energía y pasar por alto las señales naturales de los días más cortos. Desde una perspectiva biológica, este enfoque no se ajusta a cómo está diseñado el cuerpo humano.
Durante la mayor parte de la historia, el invierno fue una temporada de pausa y recogimiento. Había menos alimentos disponibles, el movimiento cambiaba, el sueño se alargaba por la reducción de las horas de luz y la vida social se volvía más íntima. La vida moderna nos permite ignorar estos ritmos, pero no sin consecuencias. La investigación muestra cada vez con más claridad que la inmunidad, el control de la glucosa, el estado de ánimo y la resiliencia dependen, en buena medida, de lo bien que nos alineemos con los ciclos estacionales.
Inspirados por el trabajo de nuestro director científico, Robin Mesnage, y su equipo en Buchinger Wilhelmi, estos diez principios ofrecen una forma biológicamente coherente de acompañar al organismo durante el invierno. No los entiendas como normas, sino como señales que funcionan como un “reinicio” suave después de las fiestas. Al ayudar a nuestra biología a alinearse con los ritmos naturales y el entorno, podemos invitar al cuerpo a entrar en modo reparación y fortalecer nuestra salud a largo plazo.

1. Baja el ritmo
🌅 Cuando disminuye la luz del día, el sistema nervioso recibe un mensaje claro: reducir la exigencia y aumentar la recuperación. La melatonina comienza a activarse más temprano por la tarde y ciertos procesos metabólicos se ajustan de forma sutil. Intentar mantener en invierno la productividad del verano es como acelerar un motor cuando el aceite aún está frío. Aceptar fases más lentas, dormir un poco más y reducir el estrés innecesario permite al cuerpo redirigir energía hacia la vigilancia inmunitaria, la reparación de tejidos y el equilibrio hormonal.
2. Muévete para ganar flexibilidad, no para agotarte
🧘🏼♂️ El movimiento sigue siendo esencial en invierno, pero su propósito cambia. En lugar de buscar el máximo rendimiento, el objetivo pasa a ser la adaptabilidad.
Actividades que combinan fuerza suave, equilibrio, movilidad y resistencia – como caminar, nadar, yoga o entrenamiento ligero con resistencia – favorecen la circulación y la función inmunitaria sin sobrecargar la respuesta al estrés. El sobre entrenamiento crónico, especialmente en meses fríos, se ha asociado con una disminución de las defensas y una mayor susceptibilidad a infecciones. En invierno, el movimiento debería dejarte con más calor y más claridad, no exhausto/a.
3. Apoya tu inmunidad con inteligencia
💊 La suplementación puede ser útil, pero sobre todo cuando es específica. Tomar vitaminas en dosis altas “al azar” rara vez aporta beneficios y, en algunos casos, puede resultar contraproducente. Un análisis de sangre permite evaluar nutrientes que suelen verse afectados en invierno, como la vitamina D, vitaminas del grupo B, hierro y ácidos grasos omega-3. La evidencia muestra de forma consistente que corregir carencias mejora la resistencia frente a infecciones, mientras que suplementar sin necesidad aporta poco. La suplementación funciona mejor como un ajuste fino, adaptado a tus necesidades.
4. Sigue la proporción de la “placa dorada”
🍛 Un principio nutricional sencillo se mantiene sólido en culturas y estaciones: los vegetales deberían ocupar la mayor parte del plato. Priorizar vegetales acompañados de grasas de calidad ayuda a estabilizar la glucosa y favorece una microbiota capaz de producir compuestos antiinflamatorios. Los carbohidratos no son el enemigo, pero en invierno suelen tolerarse mejor cuando se equilibran con fibra, proteína y grasas saludables. Un plato colorido suele ser un buen indicador de diversidad de micronutrientes.
5. Come por hambre real, no por el tedio del invierno
🍴 En los meses más oscuros, el ánimo bajo y la fatiga a veces se confunden con hambre. Comer en respuesta a señales emocionales, y no a una necesidad física, puede sobrecargar la digestión y alterar los ritmos metabólicos.
El hambre verdadera suele aparecer de forma gradual y se acompaña de sensaciones corporales claras. Comer despacio y detenerse antes de la saciedad completa preserva energía digestiva, algo especialmente valioso en invierno, cuando el sistema inmunitario está más exigido.
6. Pulsa el botón de “reset” después de los excesos
🔋 Las comidas festivas forman parte de la vida social y no deberían generar culpa. Lo más importante es cómo acompañamos al cuerpo después.
Una pausa de 24 horas con sopas ligeras o un ayuno suave permite normalizar la glucosa, los marcadores inflamatorios y la actividad digestiva. Los estudios muestran que periodos cortos de ayuno pueden reducir la inflamación tras las comidas y mejorar la flexibilidad metabólica.
Reiniciar es más eficaz, natural e intuitivo que restringir de forma crónica.
7. Haz el sueño más predecible
🛌 La calidad del sueño depende tanto de cuándo duermes como de cuánto duermes. Acostarte a la misma hora cada noche ayuda a anclar tu reloj interno y facilita que el cuerpo entre con mayor eficiencia en un sueño profundo y reparador.
La regularidad en los horarios se ha relacionado con una inmunidad más fuerte y un control glucémico más estable. En invierno, cuando aumenta la oscuridad y la energía se orienta de manera natural hacia dentro, el sueño merece ser una prioridad biológica, no algo que se deja para el final.
8. Respeta tu reloj interno
⏰ Las tardes y noches deberían ser un tiempo para bajar revoluciones, no para estimularse. La luz artificial intensa, las cenas copiosas y el uso prolongado de pantallas retrasan la liberación de melatonina y alteran la estructura del sueño.
Atenuar la luz después del atardecer, elegir cenas más ligeras y evitar pantallas durante la última hora antes de dormir ayuda al cerebro a transitar de forma natural hacia el descanso.
La luz, en particular, es uno de los reguladores más potentes de la biología humana. Puede superar fácilmente nuestras intenciones; por eso, trabajar con ella en lugar de contra ella hace que el descanso sea mucho más eficaz.
9. Busca luz natural y conexión
💡 En la misma línea, la exposición a la luz natural es uno de los reguladores más poderosos del estado de ánimo y del ritmo circadiano. Incluso en días nublados, la luz exterior supera con creces la iluminación interior y ayuda a estabilizar el reloj biológico.
Igualmente, importante es la conexión social. La investigación muestra de forma consistente que la soledad se asocia con marcadores inflamatorios más altos y respuestas inmunitarias más débiles. El contacto significativo, ya sea una conversación, una comida compartida o una compañía tranquila, refuerza la resiliencia psicológica y física.
Un paseo al aire libre haga el tiempo que haga, con un amigo o un familiar puede ser una de las estrategias de salud más efectivas que existen, y no cuesta nada.
10. Diseña tu entorno para facilitar el cambio
❄️ Como señaló recientemente nuestra psicóloga clínica Dra. Lisa Green, el cambio sostenible rara vez surge de querer transformarlo todo de golpe. Es mucho más eficaz centrarse en cambios concretos, manejables y fáciles de repetir. También es clave reconocer el papel del entorno: los hábitos antiguos suelen activarse por contextos conocidos, presión laboral, rutinas sociales o el cansancio al final del día.
Planificar sustituciones simples con antelación – por ejemplo, una infusión en lugar de alcohol, un breve paseo en lugar de picar entre horas, o una conversación en lugar de distracción – ayuda a que los nuevos patrones se consoliden cuando la vida cotidiana recupera su ritmo.
El invierno no debería ser una prueba de fuerza de voluntad. Es una estación para crear condiciones que faciliten elecciones más saludables. Cómo organices estos meses influirá en cómo te sentirás cuando llegue la primavera.
Una mirada estacional a la salud
Los seres humanos somos organismos rítmicos, no estamos hechos para sostener una intensidad constante. El invierno invita de forma natural a bajar el ritmo, dando al cuerpo el tiempo necesario para ponerse al día con la reparación, el reajuste y la recuperación después de las exigencias del año.
Cuando nuestras decisiones cotidianas se alinean con estas señales estacionales, la salud deja de depender solo del esfuerzo y pasa a ser, sobre todo, una respuesta más consciente y precisa. El invierno ya no es algo que hay que “aguantar”, sino un periodo en el que escuchar más de cerca al cuerpo puede restaurar el equilibrio en los sistemas físicos, metabólicos y emocionales.

Así creamos las condiciones para que los mecanismos de reparación propios del organismo funcionen con mayor eficacia, favoreciendo la resiliencia y la salud a largo plazo de una manera que ninguna intervención aislada puede lograr por sí sola.
A veces, el progreso más valioso no llega por hacer más, sino por permitirle al cuerpo el tiempo y el espacio que necesita para hacer su propio trabajo.
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