EL AYUNO EN EL PUNTO DE MIRA DEL EJE INTESTINO-CEREBRO
Nuevos planteamientos del primer Congreso de Psiconeuroinmunología
En el primer Congreso Internacional de la Sociedad Científica de Psiconeuroinmunología celebrado en Granada el 14 de noviembre de 2025, nuestro director científico, el Dr. Robin Mesnage, presentó nuevos hallazgos sobre cómo el ayuno afecta a la interacción entre el intestino, el sistema inmunitario y el cerebro. El evento reunió a investigadores de los campos de las neurociencias, la inmunología y el metabolismo y puso de manifiesto la estrecha relación que existe entre estos sistemas y cómo las formas de ayuno estructuradas pueden influir positivamente en dichas conexiones. Los estudios modernos respaldan cada vez más esta visión holística.
Desde hace ya tiempo, el ayuno se considera una de las estrategias más fiables para promover una longevidad saludable, tal como se ha observado en muchas especies. Desde organismos sencillos hasta los mamíferos, la restricción rítmica de la ingesta de alimentos puede prolongar la esperanza de vida, promover la flexibilidad metabólica y activar profundos procesos de reparación celular. Muchos de estos cambios comienzan en el intestino, un punto clave para el metabolismo y la inmunidad, desde donde se extienden al sistema inmunitario y al sistema nervioso. Estas conexiones ayudan a comprender la influencia de la alimentación en el eje intestino-cerebro, así como su importancia para la comunicación interna del cuerpo.
El intestino como centro del metabolismo y del sistema inmunitario
El intestino alberga un complejo ecosistema microbiano, gran parte del sistema inmunitario y el sistema nervioso entérico, a menudo denominado «segundo cerebro». Cuando la ingesta de alimentos cambia durante el ayuno, esta zona reacciona con especial rapidez. Las comunidades microbianas se reorganizan, la actividad digestiva se ralentiza y la mucosa intestinal inicia procesos naturales de regeneración. Estos cambios afectan también al sistema inmunitario. Aproximadamente el 70 % de todas las células inmunitarias se encuentran en el intestino o en sus inmediaciones y reaccionan de forma sensible al entorno microbiano y nutricional correspondiente.

Durante el ayuno, aquí se produce a menudo una estabilización de los procesos inflamatorios hiperactivos. Estudios en humanos y animales muestran que los marcadores de inflamación se pueden reducir, sobre todo en personas con un nivel de inflamación inicial elevado. Asimismo, hay indicios de la existencia de una situación metabólica más estable en personas con una activación inmunológica crónica. Estas reacciones adaptativas son el centro de atención de la psiconeuroinmunología, el campo de investigación que estudia cómo influye el sistema inmunitario en el cerebro y en el comportamiento.
El eje intestino-cerebro durante el ayuno
El eje intestino-cerebro es un sistema de comunicación bidireccional entre el intestino y el cerebro que funciona a través de vías nerviosas, mensajeros inmunitarios y productos metabólicos de microorganismos. Cuando el ayuno modifica la actividad intestinal, cambian también las señales que se transmiten al cerebro.
Ciertos microbios, cuya presencia aumenta durante el ayuno, producen ácidos grasos de cadena corta y otras sustancias que pueden tener un efecto positivo en las funciones cerebrales. Al mismo tiempo, una respuesta inmunitaria más sosegada en el intestino genera menos señales inflamatorias, que afectan al estado de ánimo, a los procesos de pensamiento y a la gestión del estrés. Por tanto, el ayuno no actúa de forma aislada en zonas concretas, sino que inicia una reorientación coordinada a través de varios sistemas interconectados.
El microbioma de la boca, es decir, la totalidad de los microorganismos que viven en ella, desempeña un papel importante en la salud cardiovascular y mental, al que, sin embargo, la investigación no siempre presta atención.
Estudios recientes demuestran que ciertas bacterias de la boca productoras de azufre pueden influir en los procesos inflamatorios y que el ayuno modifica la composición de esta comunidad microbiana. Este hallazgo sugiere que el ayuno también puede desencadenar procesos en la cavidad bucal que favorecen cambios metabólicos e inmunológicos más amplios, además de los efectos en el intestino.
Como la boca y el intestino forman un tracto digestivo interconectado que se comunica continuamente con el sistema inmunitario y el cerebro, la consideración conjunta de ambas áreas proporciona una visión más completa de cómo el ayuno afecta a la salud en varios niveles interrelacionados.
Reconocer las conexiones
La psiconeuroinmunología señala claramente que el cuerpo no está compuesto por sistemas separados, sino que actúa como un todo interconectado. Al analizar conjuntamente el metabolismo, la actividad inmunológica y las funciones cerebrales, se hacen visibles patrones que antes parecían complejos o contradictorios.
El congreso de Granada presentó este campo de investigación integrador y mostró cómo los factores relacionados con el estilo de vida, en particular la alimentación, influyen en la comunicación entre el intestino, el sistema inmunitario y el cerebro.
En este contexto, el ayuno cobra especial relevancia al ilustrar cómo una sola intervención puede influir al mismo tiempo en varios sistemas: desde la composición de las comunidades microbianas hasta mensajes inmunitarios más estables y señales neuronales modificadas. Estas respuestas coordinadas indican que el ayuno puede contribuir a promover una comunicación saludable dentro de las redes reguladoras centrales del cuerpo.
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