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Don Mario Vargas Llosa «Ayunar es un placer»


Steffanie Hornstein - 25/02/2019 - 0 comments

Discurso de D. Mario Vargas Llosa en el I Metromeeting en España de Buchinger Marbella y Buchinger am Bodensee «Ayunar es un placer»

«Queridos amigos,

Dos veces en la vida me han propuesto hacer publicidad y las dos veces me negué, porque sé que lo hubiera hecho muy mal. El único caso en mi vida en que he hecho publicidad y sin que me lo pidieran, espontáneamente, ha sido el caso de la clínica Buchinger. Y lo he hecho por agradecimiento a una institución a la que Patricia, mi esposa, y yo debemos mucho. Como ustedes saben, yo soy un contador de historias, así que, lo que quiero decir, pues se lo voy a decir contándoles una historia: Nosotros, hace veintitantos años que vamos a la clínica Buchinger todos los años, y esto comenzó por una sugerencia de una amiga muy querida que es además mi agente literaria, la Señora Carmen Balcells. Ella nos hablaba mucho, y con mucho entusiasmo, de los ayunos que hacía en la clínica Buchinger. Y un día pues nos animó a que la acompañáramos. La verdad que cuando fuimos yo tenía una idea muy vaga de lo que significaba el ayuno. Sabía que prácticamente todas las culturas, todas las religiones sobretodo, habían practicado el ayuno, y que era un sacrificio que estaba en el origen prácticamente de la civilización. De tal manera que lo asociaba fundamentalmente a una preocupación, una vocación de tipo religioso. Estoy seguro de que fui a la clínica Buchinger con bastante escepticismo y pensando que me iba a costar mucho el dejar de comer.

Estuvimos dos semanas y la experiencia fue extraordinaria. La experiencia superó todo aquello que yo le había oído a nuestra amiga Carmen Balcells.
Desde luego, ambos perdimos unos kilos, lo que estaba muy bien, pero cada vez que he hecho publicidad a la clínica Buchinger me apresuro inmediatamente a decir que es verdad que gracias al ayuno se pierden unos kilos, pero que es probablemente ese el aspecto menos importante de la cura. Perder kilos es una consecuencia de un efecto que es mucho más completo y múltiple, como saben todos quienes han compartido esta experiencia. La razón por la cual se pierde peso es muy simple. Lo ha explicado José Manuel, lo ha explicado el presidente de la empresa y yo, un profano, lo puedo explicar en dos palabras nada científicas: pues si al organismo no le damos de comer, el organismo se alimenta de lo que le sobra: lo quema, lo elimina y, naturalmente, uno adelgaza. Pero el ayuno tiene efectos extraordinarios en muchos aspectos de la vida de una persona. Tal vez el más importante es que uno descubre su propio cuerpo. Para mí, ésta fue una verdadera revelación desde esa primera cura que hice hace ya veintitantos años. Nosotros, creo que la inmensa mayoría de las personas, estamos sumidos en una rutina que es muy intensa, muy agitada. Estamos llenos de preocupaciones, de ansiedades, de angustias, y todo eso nos arranca de nosotros mismos, nos aliena, nos enajena, y no tenemos casi tiempo de pensar en algo importantísimo, que es nuestro cuerpo. Yo, desde esa primera cura allí en Marbella, descubrí que tenía un cuerpo, y que ese cuerpo era muy importante, y que a ese cuerpo había que conocerlo, había que estudiarlo y había además que tratarlo con consideración porque de ese cuerpo dependía nada menos que la felicidad o la infelicidad cotidiana. Creo que es una de las grandes enseñanzas que adquieren todos los pacientes de la clínica Buchinger. Tenemos un cuerpo, y a ese cuerpo debemos conocerlo, tratarlo con consideración, porque si así lo hacemos, ese cuerpo responde dándonos bienestar.

Todas las veces que voy a la clínica Buchinger, siempre voy muy cansado, luego de un período muy intenso de viajes, de trabajo, con la famosa enfermedad del siglo XXI que es el estrés, y hay un movimiento psicológico que estoy seguro muchos de ustedes han experimentado: nada más cruzar el umbral de la clínica, una serenidad me embarga. La sensación de que el tiempo ha dejado de ser esa locomotora enloquecedora, atronadora, y ha empezado a moverse de una manera mucho más humana, relajada, agradable. Y es como si el organismo recibiera inmediatamente, antes de empezar siquiera el ayuno, una gran tranquilidad en la que resulta mucho más fácil descubrir qué cosa es lo importante de lo que no lo es en la vida, aquello que es sustancial, y aquello que es adjetivo. Creo que en la clínica, a la vez que uno ayuna, aprende a meditar, a reflexionar sobre sí mismo, a hacer unos balances de su propia vida, y que esa rutina que es intensa, pero al mismo tiempo de una inmensa paz interior, lo ayuda mucho a saber aquello que hace mal o que hace en vano, y a descubrir que es lo que debería hacer más y mejor. Creo que esa lección tiene un efecto duradero, una vez que termina el ayuno.

Por otra parte, como lo ha dicho José Manuel, la clínica es un pequeño mundo aparte. Es una realidad distinta a la realidad en la que uno está sumergido, por su trabajo, por su domicilio, por sus relaciones, pero sobre todo por sus obligaciones. En la clínica se descansa, a pesar de que las horas son muy activas. La importancia que tienen el ejercicio y el deporte es otra cosa que los pacientes de la clínica Buchinger aprenden desde la primera cura. ¡Qué importante es darle al organismo esa rutina cotidiana de caminatas, de ejercicio, de natación, de masajes! ¡Qué bien llega uno a la noche si es que cumple con esa rutina que ha discutido con su médico! ¡Y qué bien se descansa luego de todo ello! Un fenómeno que no sé si todos los pacientes de la clínica han apreciado y aprecian tanto como yo es lo que ocurre en las noches cuando uno ayuna. Como no hay digestión, el sueño no es profundo, es un sueño muy superficial, tanto que muchas veces uno tiene la impresión de que no duerme, que está en estado de vigilia, pero no lo está. Está descansando. Y está descansando con una especie de lucidez que le permite distanciarse de aquellas imágenes que su mente produce o que vienen a su mente y que son de una extraordinaria riqueza, tanto estética como espiritual. Desde la primera vez, yo recordé un texto del fundador del surrealismo , el gran poeta André Bretón, que decía: “El estado ideal para producir la mejor poesía es aquel en que uno, durmiendo, no duerme; en que, estando despierto, está dormido.” Y todo eso que parecía un simple juego de palabras ocurre en las noches cuando uno ayuna. Entra en un estado que los religiosos podrían llamar “de trance” tal vez, “de trance místico”, y los laicos pueden llamar “de extrema lucidez y creatividad mental”. Creo que uno conoce algo que brota profundamente de sí mismo, en esas imágenes, de esa media vigilia que es la noche de la persona que ayuna.
En la clínica, como estoy seguro todos ustedes, yo he hecho amistades entrañables. Entre las personas que más frecuento y quiero están personas que conocí en la clínica Buchinger y con las que compartí esa experiencia maravillosa del relax, de la limpieza, de la paz que da la clínica.

Por eso volvemos todos los años. Creo que no es una exageración decir que salimos siempre rejuvenecidos, más delgados, más optimistas y con mucho dinamismo para enfrentar esa experiencia que es volver al siglo, al mundo, a esa vida cotidiana, llena de preocupaciones y de tentaciones, en la que todos, sin excepción, tenemos momentos de desánimo y, a veces, de desilusión y hasta desesperación. A mí, y estoy seguro que a muchos de ustedes, cuando viven esos momentos difíciles en su vida cotidiana, estoy seguro que los ayuda, como me ayuda a mí, pensar que allá en Marbella hay una casa donde más tarde o más temprano podemos llegar, y donde recuperaremos el optimismo, esa paz, esa paz interior maravillosa que es tan difícil de alcanzar en la vida cotidiana de las gentes que trabajamos y tenemos obligaciones y debemos muchas veces hacer cosas que no nos gusta hacer y que no nos dejan tiempo para hacer las cosas que nos gustan. Por eso digo que a mí, la clínica Buchinger me ha cambiado la vida, me ha enriquecido extraordinariamente la vida y ha sido una defensa extraordinaria contra el desánimo, contra, en fin, todos esos tropezones a que estamos inevitablemente obligados a tener.

A mí, otra cosa que me ha enseñado la clínica Buchinger – ¡y eso no sé si debería decirlo y si es imprudente que lo diga! – es lo importante y lo rica que es la comida, y el enorme placer que es comer. Comer, para gentes que no han ayunado, es muchas veces: atragantarse. Es hacer algo que se hace sin saber lo delicioso que puede ser comer después de haber dejado de comer. Creo que tampoco exagero, si digo que las conversaciones más interesantes y creativas en la clínica Buchinger tienen que ver con la memoria de los buenos restaurantes, de los manjares que alguna vez tuvimos la oportunidad de disfrutar. No conozco un lugar donde se cambien recetas más interesantes, donde se den consejos de gastronomía más útiles. Creo que la clínica nos enseña lo bueno que es comer y lo importante que es convertir el comer en una obra creativa, en una verdadera obra de arte. La clínica y el ayuno nos enseñan lo importante, lo rico y lo bueno que es comer sabiendo hacerlo: con inteligencia, con prudencia, y procurando que ese quehacer sea un placer. Pues aquí voy a terminar, con esa palabra maravillosa que es “placer”. Nadie que no lo haya hecho lo creería, pero todos los que lo hemos hecho en la clínica Buchinger lo sabemos: ¡Ayunar es un placer!

Muchas gracias.»

 

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